Legado
La masonería llegó al Río de la Plata por influencia de la masonería continental europea. Sobre los primeros años hay más tradición que documentación, y las fuentes discuten fechas y filiaciones: preferimos decirlo antes que elegir la versión que más nos favorece. Lo que sí está fuera de discusión es la línea de continuidad de raíz continental que recorre desde aquellos orígenes hasta la institucionalización de la masonería argentina a mediados del siglo XIX.
Lo que quedó
La escuela pública
Buena parte de la escuela laica y gratuita se levantó con manos masónicas. Es el legado cívico más noble y, curiosamente, el menos reclamado por sus autores.
República y ley
El masón respeta las leyes y la autoridad legítima del país donde vive, y cumple sus deberes cívicos. No hay lealtad de logia que esté por encima de esa.
Ciencia y salud
Cátedras, laboratorios, higiene pública: la ciencia entendida como servicio, en un siglo en que casi todo estaba por hacerse y muy pocos lo hacían.
Fraternidad universal
El buen masón es ante todo un buen ciudadano, pero la fraternidad no se detiene en la frontera: permite que un extraño sea recibido como Hermano.
Libertad de conciencia
Nadie tiene que declarar en qué cree ni renunciar a lo suyo. Cada hombre responde ante su propia conciencia, y lo que profesa queda fuera del taller.
De la ayuda a la obra
De la ayuda entre Hermanos nacieron hospitales, asilos y sociedades de socorro. La caridad que se organiza deja de depender del ánimo de quien da.

