Sello del Triángulo
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TRIÁNGULO PROVINCIAS UNIDAS
DEL RÍO DE LA PLATA N.º 3

Oriente de Buenos Aires
GLUFA
Identidad nacional, república, educación

Legado

La masonería del Río de la Plata dejó su huella donde más importa: en la escuela, en la ciencia, en la ley y en la idea misma de ciudadano.

La masonería llegó al Río de la Plata por influencia de la masonería continental europea. Sobre los primeros años hay más tradición que documentación, y las fuentes discuten fechas y filiaciones: preferimos decirlo antes que elegir la versión que más nos favorece. Lo que sí está fuera de discusión es la línea de continuidad de raíz continental que recorre desde aquellos orígenes hasta la institucionalización de la masonería argentina a mediados del siglo XIX.

Lo que quedó

La escuela pública

Buena parte de la escuela laica y gratuita se levantó con manos masónicas. Es el legado cívico más noble y, curiosamente, el menos reclamado por sus autores.

No hubo un plan de la Orden: hubo hombres formados en ella que llegaron a la función pública con la misma idea. Esa es la diferencia entre una institución que interviene y una que forma.

República y ley

El masón respeta las leyes y la autoridad legítima del país donde vive, y cumple sus deberes cívicos. No hay lealtad de logia que esté por encima de esa.

Es un principio antiguo y sigue siendo el más práctico: una fraternidad que se pusiera por encima de la ley dejaría de ser una escuela de virtud para convertirse en otra cosa.

Ciencia y salud

Cátedras, laboratorios, higiene pública: la ciencia entendida como servicio, en un siglo en que casi todo estaba por hacerse y muy pocos lo hacían.

El método iniciático y el método científico se parecen más de lo que suele admitirse: los dos empiezan por reconocer lo que no se sabe. De esa humildad salieron instituciones que todavía usamos.

Fraternidad universal

El buen masón es ante todo un buen ciudadano, pero la fraternidad no se detiene en la frontera: permite que un extraño sea recibido como Hermano.

Suena grande y se comprueba en cosas chicas: un viajero golpea la puerta de un taller en otro país, se lo reconoce y esa misma noche se sienta a trabajar sin conocer a nadie.

Libertad de conciencia

Nadie tiene que declarar en qué cree ni renunciar a lo suyo. Cada hombre responde ante su propia conciencia, y lo que profesa queda fuera del taller.

Por eso pueden sentarse a la misma mesa un creyente y quien no lo es, sin que ninguno ceda nada. No se pide una fe determinada: se pide respeto por la del otro y discreción sobre la propia.

De la ayuda a la obra

De la ayuda entre Hermanos nacieron hospitales, asilos y sociedades de socorro. La caridad que se organiza deja de depender del ánimo de quien da.

Ese es el salto que la Orden dio en el siglo XIX y lo que explica su huella: convertir un impulso privado en una estructura que sigue funcionando cuando quienes la fundaron ya no están.
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